lunes, 11 de octubre de 2010

A new day started ...

Cada nuevo día es como una página en blanco en el diario de tu vida. Tienes el lápiz en la mano, pero no todas las lineas se escribirán como tu deseas, algunas derivarán del mundo y de las circunstancias que te rodean.



A penas eran las diez de la mañana, y ya me encontraba rodeado de libros. La empleada de la biblioteca tenía una expresión reácia. Tenía arrugas en la cara propícias a una mujer de unos cincuenta años, el pelo castaño bastante desaliñados y unas gafas de pasta de color violeta a media altura de la nariz. Aquel día parecía estar más extresadamente ocupada que de costumbre por lo que cuando pregunté por un libro, me miró por encima de sus lentes mientras fruncía el ceño lo cual me dió a entender que no me ayudaría.
Tras mi intento frustrado de conseguir la referencia exacta del libro ya que como sospechaba la amable bibliotecaria me mandó personalmente a buscarlo, me perdí por los pasillos de la biblioteca en busca de la sección de Ingeniería Aeronáutica-Naval.
Caminando despacio, seguía con la mirada el orden en el que estaban dispuestos los libros, aquellos grandes volúmenes apilados en la estantería. Levanté un poco la vista y me dí cuenta de que aunque era casi imposible, no me encontraba solo a aquella hora y en aquel lugar. Allí estaba ella. Una chica de mediana estatura y de tez casi tan pálida como la mia se interpuso en mi visión. Apenas podía verle el rostro ya que estaba de perfil pero tenía una nariz pequeña y respingona adornada por unas minúsculas pecas y unos bucles cobrizos caían por sus hombros hasta la altura de su cintura. La miré por unos instantes mientras ella intentaba por todos los medios alcanzar a coger un libro de la parte más alta de la estantería. Probablemente no me había visto aún así me acerqué. Estando casi totalmente detrás de ella, alzé la mano y agarré el libro que ella tanto ansiaba. Era de tapas duras de color púrpura con letras doradas en el dorso. También era bastante pesado, tanto que me obligó a hacer uso de mi otra mano para sostenerlo.
Al darse cuenta de que alguien se había apoderado de aquel libro, la chica se giró lentamente dejandome ver unos preciosos ojos castaños que me miraban fijamente mientras sus mejillas adoptaban un tono rosado. Le ofrecí el libro a lo que ella respondió con una leve sonrisa a la vez que lo sujetaba y se lo aferraba en el pecho con cierto nerviosismo.
Aquel dia su mirada se encontó con la mia tantas veces como a través de los silenciosos estantes nos cruzamos. Desde aquel dia, siempre voy a la biblioteca a esa hora y para mi sorpresa, ella siempre está allí.

(Lo escrito anteriormente, forma parte de la historia del rol de uno de mis personajes, en concreto Tai, para que conozcais un poco su historia. Espero que os guste)

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