lunes, 23 de abril de 2012

¡Y seguimos con cosas antiguas!

LUNARES

Desde bien joven, siempre he tenido esa obsesión. Lunares. Esos simples pero a su vez singulares marcas en la piel que van desde pequeños puntitos hasta manchas del tamaño de un antojo. Lunares. Adoro los lunares en toda su gama de colores incluso aquellos que son azules aunque sean un poco inusuales, pero vuelvo al tema en cuestión porque tengo tendencia a desviarme del asunto. Cuando era joven pensaba que sería algo pasajero, una manía más como los continuos tics en el ojo que amargaban la existencia, pero los años fueron pasando y cada vez más ese interés por los lunares se fue transformando en dicha obsesión que me sigue a todas partes. Aunque sea curioso es un continuo sin vivir. Cuando voy a la calle voy mirando a la gente buscando vivaz un lunar que me llame la atención, me ocurre en todos sitios y a todas horas… Una vez que diviso un lunar, la persona pasa a ser secundario, centro la mirada en el objetivo, abro los ojos para poder gozar con la imagen. Cada vez me acerco más, lo miro desde diferentes perspectivas mmm lunares…La catástrofe llegó hace bien poco, hará unas dos semanas cuando en la panadería que frecuento, observé una nueva presencia. Era un lunar peculiar, de un marrón chocolate precioso y lo que me pareció más curioso aún, tenía forma de corazón. Sabía que si no hacia algo, mi placer terminaría en el justo momento en el que saliese del lugar y no estaba por la labor. Le seguí y le mostré mi afilada cortesía en una calle poco frecuentada. A día de hoy aquel precioso lunar se encuentra situado delicadamente en mi cuerpo. Me deleito mirándolo mientras escribo esto como un niño con un caramelo. Unos pasos. Un portazo… ¿Mis últimas palabras? Lunares.

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